Xabi ya sabe a quién agarrarse

Mbappé, aún más líder en la carrera por el Pichichi tras su doblete ante el Levante / Ana Escobar

El arranque de Kylian Mbappé en Liga deja una certeza tan clara como incómoda: el Real Madrid tiene, por fin, a ese jugador que convierte cualquier partido en una cuestión de paciencia. El francés es la diferencia absoluta. Ante el Levante, cuando el Ciutat de València se agitaba con el gol del 1-2 y parecía que se abría la puerta a una sorpresa, él cerró el debate en apenas cinco minutos. Primero, con la serenidad para transformar un penalti. Después, con la precisión quirúrgica de quien define el mano a mano como si fuera un trámite. Dos golpes y partido acabado.

Xabi Alonso ya sabe a quién agarrarse cuando su equipo tiembla. Mbappé es el plan B, C y D. Es el antídoto contra el vértigo, el futbolista que garantiza puntos sin necesidad de florituras tácticas. El problema es que, en este arranque de temporada, la sensación es que el Madrid empieza a depender demasiado pronto de esa figura. Y eso, en un club que presume de plantilla larga y de un proyecto coral, no es una buena señal.

Vinicius, que hasta ahora era la bandera del ataque, se ha quedado algo desnudado. Ha abierto el marcador, pero sigue fallando y gesticulando en exceso, protestando al aire. Mbappé, en cambio, transforma cada aparición en una sentencia. Esa comparación, inevitable, saca los colores al brasileño y pone de relieve que el estatus de estrella principal ha cambiado de camiseta.

La exigencia para Vinicius crece, porque ya no basta con desbordar y agitar; ahora, cada fallo se mide con la lupa del compañero que sí resuelve. Y también se eleva para el resto del vestuario: con Bellingham discreto, con Rodrygo apagado y con un centro del campo que aún busca el equilibrio, el Madrid no puede resignarse a que todo pase por la inspiración de la estrella francesa.

Tener a Mbappé es una bendición, pero también un riesgo. El riesgo de que el equipo se acostumbre a vivir solo de su pegada, de que los demás se encojan y esperen a que lo arregle él.

Y no hay tiempo para relajarse: la próxima semana llega el derbi madrileño, el primer gran examen serio de la temporada. Ahí se verá si el Madrid de Mbappé es solo chispazo individual o empieza a ser un bloque fiable. Porque en partidos como ese, ni siquiera el mejor del mundo puede sostenerlo todo por sí solo.

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