Vinicius decide y se reconcilia con Xabi Alonso en Mendizorroza
La victoria del Real Madrid ante el Deportivo Alavés (1-2) en Mendizorroza estuvo marcada por el nombre de Vinicius Jr., que firmó una de esas actuaciones que, más allá del juego, dejan huella por su significado. En una noche de menos a más, el brasileño fue protagonista de una acción determinante que cambió el destino del partido, pero también aprovechó el momento para lanzar un mensaje claro de unidad y compromiso con su entrenador, Xabi Alonso, con quien se fundió en un simbólico abrazo tras el gol del triunfo.
El duelo comenzó cuesta arriba para el extremo carioca. Incomodo y sin chispa, tardó en encontrar su sitio en el campo. Jonny Otto, lateral babazorro, le cerró el paso con una defensa firme y constante apoyo de Calebe, dejando al brasileño sin apenas margen para el desborde. Vinicius lo intentaba por banda, como siempre, pero acumulaba errores técnicos poco habituales en él. La impaciencia crecía en la grada y también entre sus compañeros. Mbappé, claramente frustrado por la falta de balones claros al espacio, gesticulaba con insistencia.
Sin embargo, cuando el partido pedía un cambio, Vinicius respondió como lo hacen los jugadores importantes. En una jugada aparentemente sin peligro, cazó un balón caído del cielo, con un toque sutil desequilibró a Jonny y aceleró hacia el área. Con la sangre fría que lo caracteriza en sus mejores días, levantó la cabeza y vio a Rodrygo entrando con todo desde atrás. El pase fue medido.
El remate, imparable. Era el 1-2 definitivo, pero también un punto de inflexión emocional. El gesto posterior del brasileño lo dijo todo: salió disparado hacia la zona técnica y abrazó con fuerza a Xabi Alonso, un gesto que simbolizó el fin de cualquier malentendido reciente y el comienzo de una etapa de plena sintonía entre estrella y entrenador.
Xabi, que celebró el tanto con rabia contenida, no ocultó su emoción por el gesto de su jugador, en un partido que marcaba también su reivindicación como líder del grupo en un momento delicado del calendario. El abrazo entre ambos fue más que un festejo: fue una declaración pública de confianza mutua.
Vinicius aún dejó otra acción para el debate. Encaró por banda izquierda, dribló a dos rivales con velocidad y cayó dentro del área tras un contacto evidente de Tenaglia. El brasileño se levantó reclamando penalti, pero ni el árbitro ni el VAR señalaron nada. “Era clarísimo”, exclamó con indignación mientras se retiraba del terreno de juego en el minuto 89. A los suyos les dejó claro lo que pensaba: “No lo pita porque soy yo”.
Más allá del resultado, la noche dejó una lectura positiva para el madridismo: Vinicius ha recuperado el foco, la electricidad y la conexión con el técnico, justo cuando el equipo más lo necesita. En una temporada donde se disputa cada punto y cada relación se pone a prueba, el ‘7’ blanco no solo repartió una asistencia de oro, sino también un mensaje alto y claro: está de vuelta, y lo está para sumar.
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