Una hipocresía mundial

Es difícil abstraerse de una extraña sensación de desubicación temporal toda vez que, normalmente, a estas alturas del año, las competiciones llevan ya unas semanas detenidas, a la espera del comienzo, allá por el mes de agosto, de una nueva campaña. Sin embargo, en esta oportunidad, por mor de esa casi enfermiza necesidad que muestran los organismos mundiales del fútbol de organizar más y más eventos al objeto de seguir recaudando, por mucho que pretendan vestir el muñeco con otro disfraz, pues la competición continúa en pleno mes de junio y toma cuerpo en ese descubrimiento llamado “Mundial de Clubes”.

La creación de este nuevo certamen, a modo de apéndice a una temporada ya suficientemente cargada de partidos, ha generado todo tipo de opiniones, aunque es de justicia reconocer que parecen ser bastantes más aquéllos que se alinean en tesis beligerantes, que aquellos otros que muestran su conformidad con la celebración de dicho torneo. Entre los primeros ha destacado por su contundencia, el manifiesto del alemán Jürgen Klopp, quien ha llegado a calificarlo de “la peor idea jamás implementada en el fútbol”, y qué quieren que les diga, cuando Klopp habla, normalmente los demás escuchan. Y su argumentación no puede estar más cargada de sensatez. Y quien diga lo contrario vive en otro mundo. Se podrá defender el torneo como una buena idea –dirimir la supremacía mundial a nivel de clubes- ; se podrá sostener que los beneficios económicos para los participantes son importantes; pero es imposible de justificar en un marco de competición en el que, precisamente por la ambición de FIFA y UEFA, ya no cabe un partido más.

Nos hemos pasado no sé cuántos meses debatiendo los efectos de un calendario sobrecargado –sin ir más lejos, el caso de nuestra Real Sociedad-, ¿y ahora pretendemos defender la inclusión de otro campeonato donde no hay espacio para nada más que no sea la ambición desmedida de determinados agentes? Huele a hipocresía.

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Se alza el telón de la temporada

En efecto, porque, aunque el Mundial de Clubes sigue adelante, la temporada 2025-2026, a efectos prácticos, empezó ayer,  1 de julio, un día después de que administrativamente se resolvieran multitud de contratos. Desde ayer, la situación cambia para muchos profesionales, y los clubes tienen las manos libres para oficializar algunos movimientos que ya han venido realizando entre bambalinas. En el caso de la Real Sociedad, la primera gran sacudida que debería producirse, sería la marcha de Zubimendi a la Premier, una operación descontada por la propia Real hace ya un tiempo, lo que no la convierte en menos dolorosa. Y, a partir de ahí, el resto de operaciones, en cascada. Porque todos tenemos claro que esta Real Sociedad de Bretos y Sergio, no se va a parecer demasiado a la de sus predecesores. La última etapa de Imanol ya evidenció muestras de agotamiento, por lo que urge una
regeneración. Esta nueva fase pasa por, en principio, retener a los pilares de este plantel, léase Kubo, Remiro, Brais…, – el equipo no encajó bien las bajas de Merino y Le
Normand-, y, a partir de ahí, inyectar a esta plantilla la calidad necesaria para volver a competir al más alto nivel. Y todo esto “empezó” ayer, 1 de julio.

2

Peru, en clave Sanse

Es evidente que el ascenso del filial de la Real Sociedad ha modificado el escenario, y ha forzado algún cambio en las decisiones. El Sanse de Ansotegi competirá en una
Liga profesional a todos los efectos y con un elevado grado de exigencia. El primer movimiento ha sido la renovación del capitán Peru Rodríguez, un “veterano” de 23 años, concebido inicialmente para jugar sólo en el filial. Veremos.

3

Un Sanse más a lo suyo

El Sanse de Xabi Alonso no fue capaz de conservar la categoría y acabó descendiendo. Pero no sería justo obviar detalles como el importante “expolio” al que se vio sometido durante toda la campaña por las necesidades del primer equipo. La próxima temporada, con la Real centrada únicamente en los frentes domésticos, cabe pensar que empleará menos los recursos del filial, con lo que ello supone.

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