Un ataque aceptable y una defensa calamitosa
El Sevilla volvió de vacío en su estreno en la presente Liga, un torneo ante el que ofrece muchas dudas, que tienen su origen en unos serios problemas económicos fruto de la nefasta gestión de sus dirigentes con el trasfondo de las luchas internas, una venta frustrada a un grupo extranjero y todas sus consecuencias.
Matías Almeyda, la apuesta de Antonio Cordón, el segundo intento de cubrir la siempre alargada figura de un Monchi que salió huyendo al no sentirse cómodo con los actuales dirigentes, presentó en San Mamés la idea que tiene para el Sevilla de la enésima regeneración. Un Sevilla agresivo sin balón, vertical y descarado, pero con una alarmante falta de mimbres, sobre todo en defensa. Marcar dos goles al Athletic en su estadio no está al alcance de todos, y menos tras levantar un 2-0 en contra, pero la fragilidad defensiva fue un lastre en Bilbao y promete serlo todo el año.
Nico Williams celebra su gol al Sevilla
Juan Echeverria / Colaboradores
Es verdad que faltaron hombres importantes como el francés Badé -aunque su venta al Leverkusen está cada vez más cerca- o el chileno Suazo, en la lista de los jugadores que el club no ha podido inscribir por sus problemas con el límite salarial, pero el sistema defensivo fue el gran lastre ante el Athletic, empezando por un Juanlu que sufrió muchísimo con Nico Williams en la banda y que propicio los goles, uno de ellos al provocar un penalti un tanto dudoso pero en el que se dejó ganar la espalda. El internacional sub 21 es otro de los que está en la rampa de salida tras unas largas negociaciones con el Nápoles que duran todo el verano.
El Sevilla se presentó en San Mamés con una defensa compuesta íntegramente por jugadores que han dado el salto desde el filial. Juanlu, el debutante Castrín, que llegó para el equipo de Primera RFEF la pasada campaña procedente del Lugo, Kike Salas y Carmona a pierna cambiada en el lateral izquierdo, ya que, sin Suazo, Almeyda no parece confiar en Pedrosa. Los errores fueron constantes y el ataque bilbaíno, particularmente en la banda de Nico, fue una pesadillas para los andaluces.
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En contraprestación, el Sevilla exhibió su fuerza de centro del campo hacia delante, metros en los que demostró que puede ser un equipo a tener en cuenta con jugadores con talento y velocidad. Lukébakio explotó su enorme disparo con un golazo que recordó al mejor Lukébakio de la temporada pasada, Idumbo también se destacó como un jugador con velocidad y descaro y Akor Adams, prácticamente en su presentación tras media temporada la pasada campaña en que estuvo lesionado, dejó cosas para el optimismo. Junto a ello, la capacidad para incorporarse desde atrás de jugadores como Juanlu o los centrocampistas, Sow, Gudelj y Agoumé, autor con un bonito disparo del tanto del empate.
Lukébakio, jugador del Sevilla
EFE
El Sevilla de Almeyda ofrece dos caras. Una amable en ataque y otra calamitosa en defensa. A Antonio Cordón le toca actuar ahora.
