Sufriendo a Lamine Yamal
El Barcelonismo está más pendiente del futuro del canterano que de disfrutar su presente
Lamine Yamal celebra el gol que marcó al Real Madrid en el Bernabéu la pasada temporada. / EFE
El barcelonismo es una enfermedad rara que no permite disfrutar en plenitud de los éxitos del equipo. Parece que fue hace un siglo cuando el Barça destrozó cuatro veces seguidas al Real Madrid en un año histórico que obviamente es pasado, pero sin el que sería imposible explicar la encerrona barriobajera perpetrada por los blancos el pasado fin de semana en el Bernabéu. Florentino teme mucho más al Barça de lo que el barcelonismo se quiere a sí mismo.
Ver a Courtois salir corriendo desde su portería detrás de un chaval de dieciocho años para increparle por no se sabe exactamente qué, en el fondo, es poesía. Retrata exactamente el sufrimiento de su equipo hace solo unos cuantos meses y permite calibrar el dolor que infligió el conjunto de Flick en el madridismo.
El macarrismo de Carvajal ya lo conocíamos, como las idas de olla de de Vinicius, pero lo del portero belga fue una agradable sorpresa porque ayuda a recordar, por ejemplo, el gol de Koundé en la final de la Copa del Rey o el del propio Lamine Yamal sobre el césped pintado de verde de un Chamartín al que no se le conoce el cielo. El barcelonismo debería aprender a disfrutar más de sus éxitos y no sufrir por un futuro que no existe.
Y es la figura de Lamine Yamal la que ejemplifica, en sí misma, el sentir de un entorno culé engañado por el relato blanco que pretende convertir al de Rocafonda en un futbolista díscolo y poco comprometido cuando es todo lo contrario. Es probable que, debido a que solo tiene dieciocho años, el canterano se equivoque, pero aún no lo ha hecho.
Lamine Yamal, en el Santiago Bernabéu / Valentí Enrich
Ni es conflictivo, ni está cada noche de fiesta, ni es un maleducado, ni falta al respeto a sus compañeros, ni nada que se le acerque. Lamine Yamal es un chaval alegre, dicharachero y simpático al que se le da muy bien jugar a fútbol. Que, además, tiene ese don al que muchos aspiran y pocos reciben: el carisma. Y, sin embargo, el barcelonismo está más preocupado por si se deja ver por la Kings League, por si graba anuncios o por si charla con ‘youtubers’ que por disfrutar del regalo inesperado que supone su aparición.
Messi es tan reciente que colocamos sobre las espaldas de un juvenil la responsabilidad de tener una carrera tan larga como la suya. Y eso no solo es injusto, es condenarle al fracaso porque el argentino fue, es y será siempre único. Lamine Yamal debe hacer su carrera, con sus errores y sus aciertos, y el culé de lo único que debe preocuparse es de disfrutarlo como lo hizo con Leo porque eso, en el fondo, es lo único que está en su mano.
