Ser mejor o parecer mejor
Lamine Yamal, en el último partido del Barça en el Spotify Camp Nou / EFE En cada parón de Liga saltan las alarmas. La lista de futbolistas fichables se disparan y la afición del Barcelona se ilusiona. ¿Seguro? ¿O tal vez, ya no tanto? Quizás, a estas alturas de la vida, los seguidores azulgrana han comprendido que los proyectos ganadores del Barça tienen más éxito cuando se arman pensando en el equipo que en el ego de la estrella de turno. A día de hoy -se pudo ver claramente en las elecciones-, los nombres impresionan poco. Es evidente que el aficionado del Barça ve con buenos ojos que futbolistas como Earling Haaland, Harry Kane o Julián Álvarez se vistan de azulgrana porque el Camp Nou siempre ha tenido muy buen gusto para el fútbol. Sin embargo, en la semana en que se recuerda el décimo aniversario de la muerte de Johan Cruyff, la tranquilidad de la grada en materia de nombres y de fichajes es una muestra más de que el cruyffismo está más vivo que nunca y, tal vez también, de la madurez institucional en materia de fútbol. No hay duda de que la crisis económica del Barça ha ayudado a la enésima explosión de La Masia e incluso se puede decir sin miedo a equivocarnos que no es normal reunir habitualmente convocatorias de 14 jugadores de la casa -con récord de 16 en los partidos contra el Girona y el Olympiakos, en octubre pasado-. No es habitual en ningún equipo -y en los grandes, menos- pero en el Barça, sucede. Y aunque sería bueno no normalizarlo para no perder la extraordinaria dimensión del fenómeno, no hay duda de que el socio y el seguidor del Barça se siente muy orgulloso de este Barça construido a base de talento y alma azulgrana. Es extraño ver que Cubarsí (19 años), Bernal (18) y Lamine Yamal (18) forman la columna vertebral del Barça de Hansi Flick a su edad. En el caso del delantero, poco o nada a decir: es tan buen jugador que hubiera sido crack en cualquier circunstancia. Los otros dos, sin embargo, son hijos de un contexto. Como Balde, Casadó, Eric, Fermín y Gavi. O recientemente, Jofre Torrents, Tommy Marqués o Xavi Espart. Sin esfuerzo para la adaptación, haciendo lo de toda la vida en el fútbol base, resuelven en el primer equipo aquello que el balón les exige. Ahora bien, ¿sería suficiente la fórmula de La Masia para aspirar a todos los títulos? Quizás no, pero tampoco lo es traer jugadores con excelentes cualidades y rendimientos dudosos. Las particularidades del modelo de juego del Barça no ayudan a una adaptación inmediata pero sí a una evolución en el aprendizaje hasta llegar a un rendimiento óptimo lo más rápido posible. El aficionado ha entendido que fichar a Pedri, Joan Garcia, Olmo -que se formó en La Masía- o Lewandowski vale la pena por aquello del rendimiento inmediato. Incluso ha tenido la paciencia de esperar al mejor Raphinha hasta el tercer año de su fichaje. Sin embargo, duda de que casos como el de De Jong, tras siete años de su llegada, pueda rendir como Busquets, antes, o Bernal, ahora; o que Szczesny sea mejor que cualquier portero de la casa. Y por eso se altera cada día menos con los nombres. Lo dicho. No solamente hay que parecer ser mejor jugador sino que, sobre todo, hay que serlo.
