REAL FLORENTINO

El presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, es aplaudido tras su intervención en la asamblea general ordinaria del club del 23 de noviembre de 2025 / EFE

Así, con mayúsculas. Porque cree que en el fútbol español no hay nadie con más poder. Ni Tebas. Ni más control. El presidente todopoderoso. El que no duda. El que se relaciona desde la prepotencia. El que decide. Como si fuera su casa. Él, solo. Nadie más.

En el Real Madrid no se mueve una silla sin su aprobación. No se cambia una bombilla sin su visto bueno. No entra ni sale un fichaje sin su sello. Todo pasa por él y sus pocos hombres de confianza. Todo. En la Asamblea General Ordinaria, decidió dar un paso más. Anunció la creación de una empresa filial para permitir la entrada de un inversor con una pequeña participación del club. Para añadir: Tan sólo quiere proteger al club.

¿Blindar el club? Quizás mantener el control, el suyo, casi monárquico. Para que más allá de su presidencia, quede un poder reducido, leal, fiel, miedoso. Ese es el plan. Ha convertido al Real en su reino. No dirige un club. Gobierna un territorio. Su ecosistema. Su modelo. Su cultura. Una forma de gobernar: vertical, quirúrgica, implacable. Y la estructura de hoy lo demuestra. No solo desea ganar. Desea dominar. Arrasar, si pudiera.

Una sola voluntad

Sabe que el dominio exige arquitecturas de poder muy bien pensadas. Su legado será el modelo que desea. Una sola voluntad. Y esa voluntad tiene su plan. La idea es dejarlo todo atado. Cerrado. Para que, cuando él ya no esté, el poder quede en manos de muy pocos. Una minoría elegida por él. Esa oligarquía limitada que se sienta en el palco del Bernabéu. Herederos del orden que él ha impuesto durante años.

Un momento de la intervención de Florentino Pérez en la asamblea ordinaria del Real Madrid / EFE

El futuro no sucederá por azar. Lo diseña. Lo bloquea. Lleva tiempo pensando en el Madrid sin él. En el Madrid que seguirá a su Madrid… incluso cuando no exista. Y para reforzar su hegemonía, el domingo atacó. El discurso del odio en la rivalidad futbolística. Tan manido, tan fácil. Denunció lo que él considera “anormal”. La política de los árbitros. El FC Barcelona. El Barça de Messi y su liderazgo en España fueron un éxito de Negreira. LaLiga y su intento de llevar un partido a Miami son manipulación.

No improvisa. No deja cabos sueltos. Y exige transparencia. ¿Él?, ¿El suyo? Su proyecto nace para evitar “ataques externos”. Esa fue su frase. El imperio no se entrega. Se traspasa. Su legado no será el estadio, ese búnker. Ni las Champions. Ni los fichajes grandilocuentes. Será el control. Una estructura pensada para resistir crisis. Rebeliones. Disidencias. El Madrid post-Florentino será, en esencia, florentinista.

La obra maestra de Florentino

Esa es su obra maestra: El sistema. Y quizá ahí está la pregunta que nadie hace. ¿Puede un club tan grande dejar que un solo hombre determine lo que será? ¿Puede el futuro quedar reducido a un círculo tan pequeño? ¿Puede la grandeza ser sostenida por una minoría?

Don Florentino cree que sí. Y actúa en consecuencia. Nadie pinta nada. El presidente eterno. El hombre que quiere dejar el Madrid preparado… para seguir siendo suyo incluso cuando ya no lo sea. La estabilidad del equipo blanco es más cómoda que el desgobierno de nuestro Barça. Pero nosotros tenemos un club democrático, el Madrid es pura simulación.

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