Prohibido hacer trampas al solitario

La Nations League nació hace escasamente unos años, fruto del capricho de la UEFA por seguir engordando sus beneficios a costa de…lo que sea. Su encaje dentro de calendarios ya especialmente recargados, no fue bien recibido inicialmente. Pero, como poderoso caballero es don dinero, repartimos convenientemente, y todos calladitos. Pero, al margen de este tipo de consideraciones, lo cierto es que este certamen ha ido consolidándose con el paso del tiempo, y, hoy en día, se percibe como un torneo interesante y atractivo. Y, a lo que voy, en la última edición, cuya fase final se ha disputado en Alemania, han brillado especialmente dos futbolistas de la Real Sociedad. Por un lado, el capitán Oyarzabal, y, por otro, el hombre de moda Zubimendi. La cotización de ambos, ya de por sí elevada, estoy convencido de que ha subido enteros tras su perfomance en el torneo. Ambos han rendido a un nivel altísimo, y han merecido los elogios de propios y extraños…bueno, de los propios, quizás no tanto. Y es que desde cierto sector de la afición realista no se contempla con satisfacción esa especie de “doble comportamiento“ observado por los jugadores, por una parte con la Real, y por otro con la selección española. Obviamente, en la raíz del debate se halla el mal final de campaña protagonizado por la Real, al punto que todos sus futbolistas parecían mucho peores. En otro contexto, en otro escenario, en otras condiciones su rendimiento ha mejorado exponencialmente. Algo, por otra parte, absolutamente lógico y normal. Pero no olvidemos que, tanto Mikel como Martín han alcanzado su madurez futbolística en la Real. Es aquí donde han forjado sus carreras, y donde se han ganado el derecho a participar en eventos de la envergadura del que nos ocupamos. Discutir ahora acerca del por qué uno y otro no han rendido esta temporada como en otras anteriores, se me antoja un intento fallido de abrir un debate absolutamente desenfocado. Zubimendi y Oyarzabal son dos de los mejores futbolistas de este club, desde hace ya bastante tiempo, y lo son en la Real, por decepcionante que haya sido el final de temporada, y lo serán allá donde jueguen. No vale hacer trampas al solitario.

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El germen del éxito

El filial de la Real Sociedad se encuentra a las puertas de un éxito importante, la posibilidad de retornar a la Segunda División, una categoría profesional, y la antesala del fútbol de élite, y, además, de conseguirlo poco tiempo después de haber descendido, algo no tan sencillo para los equipos filiales, y a los datos me remito. Es cierto que la experiencia en la categoría de plata resultó efímera y no tan satisfactoria como todos presumían, pero eso ni resta valor al logro alcanzado, ni elimina la tesis de que, cuanto más cerca se encuentre el filial de la “nave nodriza”, menor será el impacto del salto, cuando éste se produzca. La Segunda División, y más aún con el paso del tiempo, y la presencia en la misma de clubes con pedigree e historial de Primera, se ha convertido en un magnífico y fehaciente laboratorio de ensayos. No obstante, es de justicia recordar, que, de aquel Sanse de la 2021-22 en Segunda División, sólo Turrientes y Olasagasti han dado, y no con determinación, el paso al frente que de todos se espera. Sin duda alguna, el paso por una categoría tan exigente, curtió a una generación de futbolistas de Zubieta.. pero no lo suficiente.

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Ejercicio de supervivencia

Lo vivido el pasado domingo en el José Luis Orbegozo, con un Sanse en inferioridad numérica toda la prórroga, y acosado por un Mérida que se estaba jugando toda la
temporada, tuvo un valor que probablemente no se haya reconocido en su justa medida. Seguramente, la lección aprendida por los de Rivas durante esos más de 30
minutos en inferioridad, sea una de las más valiosas de la temporada.

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Se nos hará un poco raro

Por primera vez en los últimos seis años, la Real no participará en un torneo europeo, lo que puede servirnos, entre otras cosas, para poner en valor lo que se ha conseguido. El viaje fue hermoso y constructivo, y, sin duda, es el camino a seguir, pero este año no toca. Se nos hará un poco raro vivir tantas semanas “limpias”, sin Europa en el horizonte, pero permitirá al equipo centrar sus objetivos más fácilmente.

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