Paciencia blanca en plena tormenta deportiva

No hubo grandes titulares. No hubo fichajes. No hubo gestos para apaciguar a la grada. El Real Madrid decidió no acudir al mercado de invierno a pesar de una oleada de lesiones, una crisis de resultados y una afición inquieta tras perder dos títulos en apenas cuatro días. La Supercopa ante el Barcelona y la Copa del Rey frente al modesto Albacete, en dos encuentros que encendieron las alarmas.

La decisión fue arriesgada, incluso impopular. Mientras muchos pedían refuerzos, el club apostó por la continuidad, por no alterar la estructura de un vestuario que se consideraba capacitado para enderezar el rumbo. La historia reciente sugiere que la razón estaba en el despacho, no en la grada.

El invierno más crudo

El Real Madrid atravesó una tormenta deportiva entre finales de diciembre y enero. Las bajas en defensa obligaban a improvisar alineaciones, los resultados no llegaban, y la sensación era que el equipo se caía a pedazos. El Bernabéu expresó su malestar ante el Levante, y las redes ardían con críticas al palco. Ni siquiera el cambio de técnico –de Xabi Alonso a Álvaro Arbeloa– calmó los ánimos.

Pero la dirección deportiva, firme en su idea, no hizo movimientos. Solo se produjo la cesión de Endrick al Lyon, y se rechazó la salida de Fran García por no satisfacer las condiciones. Todo lo demás fue aguantar el chaparrón… hasta que escampó.

La resistencia antes del resurgir

Los primeros signos de mejoría fueron tenues: victorias trabajadas ante Mónaco y Villarreal, que parecían cambiar la inercia, pero el gol en el minuto 98 de Trubin en Lisboa, que dejó al Madrid fuera del Top-8 de la Champions, volvió a sembrar el pesimismo. En Vallecas, pese a ganar de penalti en el 90, el equipo acabó con tres centrocampistas jugando como defensas. No había más opciones.

La situación comenzó a cambiar en Mestalla. Pese a las bajas en ataque (Bellingham, Rodrygo y Vinicius), Arbeloa arriesgó con el canterano David Jiménez y logró una victoria importante. A partir de ahí, el equipo comenzó a parecerse al Madrid: regresaron Trent, Rüdiger, Huijsen y Carreras en defensa; Valverde, Tchouaméni, Camavinga y Güler se asentaron en el medio; y Vinicius volvió a liderar el ataque en ausencia de Mbappé.

Estabilidad y resultados

La victoria ante la Real Sociedad (4-1) confirmó las buenas sensaciones. Por primera vez en semanas, Arbeloa pudo repetir una defensa sólida y un centro del campo reconocible. El equipo volvió a ser compacto, agresivo y vertical, con un plan claro y jugadores en sus posiciones. El liderazgo de Vinicius y la solidez de la medular hicieron el resto.

En Lisboa, en la vuelta de Champions, el Madrid se reencontró con su mejor versión. El regreso de Mbappé no fue brillante, pero el equipo controló el partido, fue superior al Benfica y se acercó a los octavos con un juego convincente. Solo el incidente por los presuntos insultos a Vinicius rompió el ritmo. El Madrid regresó con ventaja, líder de su grupo y también de LaLiga, tras la derrota del Barça ante el Girona.

Tiempo y paciencia: las claves

La historia del invierno blanco en 2026 podría resumirse así: no hubo refuerzos, pero sí recuperación. Arbeloa ha podido por fin alinear a sus mejores hombres en sus mejores posiciones, y eso ha bastado para transformar al equipo.

Donde antes había urgencia y caos, ahora hay un plan. Donde antes había dudas, ahora hay sensaciones. El Real Madrid ha logrado reconstruirse desde dentro, sin acudir al mercado.

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