Opinión | Demasiados frentes abiertos en Can Barça, de Javier Giraldo

Laporta y Deco / JAVI FERRANDIZ

Mientras Ter Stegen subía un comunicado anunciando que pasaría por el quirófano -y dando por hecho que estará más o menos tres meses de baja-, el Barça andaba empantanado con los problemas económicos que estuvieron a punto de tumbar la gira por Asia. Por no hablar de las dificultades que está presentando el regreso al Camp Nou, un sinfín de permisos que nunca acaban de tener la luz verde definitiva, una compleja maraña burocrática que acabaría con cualquiera.

Demasiados frentes abiertos, debieron de pensar en las oficinas del Camp Nou. La misma sensación invadió a los barcelonistas, perplejos ante tanta carpeta abierta, ante tanto asunto que menoscaba la imagen del club. Una entidad que presume de valores inmaculados y de practicar un fútbol excelso (o al menos, entretenido, tampoco es plan de ponerse exquisitos) no debería andar enfangada, día sí y día también, en batallas tan incomprensibles.

Es gasolina para los enemigos: qué fácil es justificar hoy en día que el Barça es un club caótico, qué fácil resulta atacar al Barça señalando sus defectos y obviando sus virtudes.

Qué fácil resulta la comparación: el Barça es un incendio constante y el Madrid, pura calma.

Y sin embargo, no todo es blanco y negro. Sí, en el Barça pasan cosas. Sí, muchas de esas cosas no son especialmente gratificantes. Y esas cosas trascienden porque alguien las explica y alguien las publica. También en el Madrid suceden cosas, algunas no especialmente gratificantes. La diferencia es que no se explican, no trascienden o no se publican. Ni el Barça es un caos absoluto ni el Madrid es un club ejemplar: cambia el relato, y cambia sobre todo, lo que rodea al club. En el Barça hay muchos interlocutores -a veces demasiados, lamentan algunos-, pero es síntoma de que estamos ante un club plural, lejos del monocolor que se impera en otras latitudes. Así que cuando piensen que hay demasiados frentes abiertos, mejor tomárselo con filosofía.

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