Noche en Londres para no olvidar

Hansi Flick acabó desesperado frente al Chelsea / Valentí Enrich

Es noviembre y no hay duda de que el Barcelona va a estar en la siguiente fase de la Liga de Campeones. También es evidente que jugar con diez futbolistas durante más de medio partido penaliza mucho, sobre todo, en esta competición y fuera de casa. Sobra hablar del error individual de Araujo, del remate fuera de Ferran a los seis minutos que hubiera podido cambiar las cosas o del nulo liderazgo de algunas vacas sagradas. El objetivo de esta tribuna no es hablar de errores individuales, de futbolistas ausentes (Pedri, por ejemplo) o de resultados porque lo que se vio en Stamford Bridge merece una reflexión más profunda.

Tras el partido, Hansi Flick habló de falta de intensidad, ese maravilloso comodín que sirve para justificarlo casi todo. Es cierto que los jugadores del Barcelona no ganaron ni un solo duelo individual pero el problema no fue físico. ¿De verdad alguien creía que el Barça iba a ser capaz de neutralizar la exhuberancia del Chelsea en este aspecto? La plantilla azulgrana está configurada con otro objetivo y no hay que esperar que sus futbolistas salgan vencedores en choques y carreras individuales. El problema del Barcelona fue futbolístico. Como dijo después del partido Enzo Maresca, el entrenador del Chelsea, si al Barça le quitas el balón es menos Barça. El técnico hizo todo lo que estaba en sus manos y se lo quitó. Y el Barça fue, efectivamente, poquita cosa.

Hansi Flick debe darle al equipo un poco más. Cada vez que un rival plantea situaciones de uno contra uno el Barça se encalla, por ejemplo durante esta temporada, además del Chelsea, ante PSG, Real Madrid, Sevilla o Rayo Vallecano. La salida del balón necesita más variedad porque el pase directo a Lewandowski es un caramelo para los centrales rivales y la salida con los laterales está perfectamente estudiada por las pizarras rivales. Las tácticas dominantes utilizan a laterales por dentro, a interiores que pueden ofrecerse al pie o a la espalda del centro del campo rival, a medios centro que dan otras salidas alternativas a la clásica de tres o activando al tercer hombre, o incluso, un juego directo con los extremos. Sin ninguna duda, la calidad de los futbolistas del Barça da para mucho más.

Lo mismo sucede con la presión. El Barça ataca sin un juego de posición ordenado de manera que cuando pierde el balón le cuesta mucho recuperarlo. Está bien que Flick sea un amante del fútbol de área a área, tan alemán por otra parte, pero quizás fuera una buena idea aplicar matices que le permitan un mejor control del partido a partir de la posesión y de un juego de posición más riguroso. En Londres, sin Araujo -ya expulsado-, Flick substituyó a Ferran por Rashford para seguir yendo y viniendo, con tres delanteros en el campo, pero ni arañó la portería de Robert Sánchez porque el equipo no tuvo el balón. Para evitar tanta distancia entre lineas, ¿no hubiera sido mejor llenar el centro del campo? ¿Qué pasa con Casadó? Haber encajado diez goles en cinco partidos de Champions es un mal negocio y, por tanto, es evidente que hace falta un mejor juego colectivo para acabar con la sangría defensiva. Definitivamente, el equipo necesita a Flick.

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