Nico, el Barça y el Bilbao: falta empatía, sobra hipocresía
La airada reacción del Athletic a la posible salida del extremo no va de principios o reglas, va de puro antibarcelonismo
Nico Willimas durante un partido en San Mamés con el Athletic Club durante LaLiga 2024/25
La empatía es una especie tan rara en el fútbol como un central ambidiestro que sea un gran corrector y tenga una gran salida de balón. Verano de 2000: el Real Madrid paga la cláusula de rescisión de Luis Figo, que abandona el Barça para fichar por el archirrival. En su presentación, el portugués declaró: “Vengo al Madrid con la ilusión de ganar títulos importantes, incluida la Champions League”, y “Estoy aquí porque quiero seguir creciendo como jugador y ganar los títulos que aún me faltan.” Subtexto: en el Barça ni ganaría títulos importantes ni seguiría creciendo como jugador. Dolió en Barcelona, claro que dolió.
Verano de 2017: Neymar abona su cláusula de rescisión y ficha por el PSG. La rivalidad entre los parisinos y el Barça ni de lejos es comparable a la de los azulgranas con el Real Madrid, pero aun así, con la ‘traición’ del brasileño, se alcanzó una alta temperatura. El Barça había tanteado a varios jugadores (Marquinhos, Verratti) sin lograr sacarlos de la ‘jaula de oro’ de los petrodólares de Catar, y, en cambio, los parisinos sí convencieron a la estrella llamada a reinar en el mundo del fútbol a la vera de Messi. Hubo burlas y mofas en redes y declaraciones públicas, y aquello dolió en Barcelona, por supuesto que dolió.
Indignación de la Real Sociedad
Como dolió —e indignó— en San Sebastián que, en el verano de 2018, el Athletic pagara la cláusula de Iñigo Martínez y el hoy jefe de la defensa del Barça de Flick cambiara la Real Sociedad por el Bilbao. De hecho, si en Barcelona se acusa al Real Madrid de ejercer en España un madridismo sociológico, y si el Espanyol afea a su vez el barcelonismo sociológico en Catalunya, en Euskadi el Athletic es visto como un depredador de las canteras (vascas) ajenas.
Muy pocos pueden presumir de valores en el mundo del fútbol, ya sea en términos de cláusulas de rescisión o de fichajes de jugadores que agotan contrato: solo hay que preguntar en Liverpool qué piensan de Trent Alexander-Arnold y el Real Madrid, o en París de Mbappé y los blancos. Cuando los fichajes no son negociados y acordados en un juego a tres bandas en el que todos (ambos clubes y el jugador) sienten que salen ganando, el ‘mercato’ se mide en abandonos dolorosos para clubes y aficiones. Todos, por tanto, saben lo que es perder de forma traumática a un jugador.
De ahí que sea, hasta cierto punto, cruel la poca empatía con la que desde Barcelona se observa la pataleta del Athletic de Bilbao a cuenta del acuerdo entre el Barça y Nico Williams. Neymar está tan reciente que el Barça debería recordar lo que se siente cuando te quitan, previo clausulazo, a un jugador. Messi se fue anteayer, así que nadie como los azulgranas para saber el dolor que genera no ser capaz de pagar a tu jugador franquicia lo que indica el mercado. Dembélé voló hace dos veranos, simplemente porque ya no quería jugar de azulgrana. Pero no. A la rabieta bilbaína se le responde con desdén y altivez, a lo Figo: igual que el portugués dijo que se fue al Madrid para ganar lo que no ganaría en el Barça, al Athletic se le recuerda que Nico volará en el Barça a una altura que jamás alcanzará en San Mamés. Mofa añadida al golpe. Poca empatía, crueldad gratuita, vinagre en las heridas.
Sobra hipocresía
Si en Barcelona hay poca empatía, en Bilbao sobra hipocresía. Porque, en realidad, su airada reacción no va de economía —puesto que, si el fichaje se concreta, recibirá una lluvia de millones—; tampoco va de principios, pues al Athletic se le han ido grandes jugadores previo clausulazo sin tanto ruido; no es un asunto de cumplir las reglas: pagar la cláusula es legal, e inscribirlo, un asunto de la gobernanza del fútbol español. Lo que duele, fastidia y escuece en Bilbao es que es el Barça el club al que parece que irá Nico.
Sería mejor que lo dijeran así. A muchos barcelonistas se les caería la venda (política) de que Barça y Athletic son clubes amigos, casi primos. No lo son. La animadversión al Barça es comparable a la del Valencia. Ni en Mestalla se silbó a Iniesta por recibir un patadón de un central local. Y en el Bernabéu se ha aplaudido el buen juego azulgrana.
Caretas fuera: el Barça no es un club estimado por el Athletic de Bilbao. De esto va este asunto de Nico Williams: no del Fair Play, ni de la LFP, ni de las reglas de la competición, ni de la falta de empatía del Barça.
Va de antibarcelonismo.
