Míchel, firme pese a la tormenta
El Girona vive un momento muy delicado, pero no de ruptura. Míchel Sánchez, que atraviesa su peor racha desde que aterrizó en Montilivi, mantiene la confianza del club y de su entorno más cercano. A pesar de que los resultados no acompañan, el técnico madrileño volvió a dejar claro tras la derrota frente al Getafe que se siente “mejor que nunca” para revertir la situación y que conserva la fortaleza necesaria para seguir liderando el proyecto.
Las cifras, sin embargo, no invitan al optimismo. Una sola victoria en once jornadas y veinte puntos de los últimos noventa en LaLiga, si se suman los tramos finales de la pasada temporada, dibujan una tendencia preocupante. El equipo no despega, sigue colista y ve cómo el margen se estrecha jornada tras jornada. Por eso, el duelo frente al Alavés en Montilivi se presenta como una cita determinante, tanto para las aspiraciones deportivas como para el ánimo del grupo. Ahora sí, todo son finales.
Desde la dirección deportiva, el discurso sigue siendo inequívoco. Tanto Nacho Mas-Bagà como Quique Cárcel han insistido públicamente en que Míchel es el entrenador ideal para el proyecto y que su continuidad nunca ha estado en duda. Ambos han reconocido la dificultad del momento, pero también confían plenamente en la capacidad del técnico para revertir la dinámica. No sucede tanto con el socio, cada vez más dividido sobre su continuidad en el banquillo, a pesar de una estima incuestionable.
El vestuario, por su parte, mantiene la misma línea. El míster sigue siendo una figura respetada y cercana para los jugadores, y nadie dentro del club cuestiona su liderazgo. Las sensaciones sobre el césped, pese a los resultados, apuntan a un equipo comprometido, que compite y muestra síntomas de mejora.
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El crédito de Míchel se sostiene en su legado: cinco temporadas, un ascenso histórico, tres campañas consecutivas en Primera y la clasificación europea más importante en la historia del club. Nadie mejor que él simboliza la evolución del Girona. Pero el fútbol no entiende de recuerdos, y el partido ante el Alavés puede marcar un punto de inflexión para el técnico que, más que nunca, necesita transformar la confianza en resultados.
