Más Barça de Flick que nunca
Saber dónde estás te permite afrontar lo que viene con más seguridad. El Barça no llega al Bernabéu en su mejor versión, lo que tampoco es definitivo para saber qué puede pasar contra un rival que aún está aprendiendo qué quiere ser en un futuro. Asumir este estado dubitativo de cara al Clásico, lógico tras la plaga de lesiones, puede ayudar a enfocar el encuentro como toca. Excepto Eric y Fermín, seguramente ningún otro jugador está ahora en condiciones de dar su máximo rendimiento. Ya sea por motivos físicos o de falta de confianza que se ha ido acumulando, los futbolistas necesitan tiempo para ir curando sus heridas mientras continúan compitiendo. Y el domingo esto no habrá cambiado aunque nos esforcemos a rebuscar argumentos para negarlo.
Lamine Yamal no tiene el ritmo de competición que le permite acabar las jugadas con la velocidad con la que marca diferencias en el inicio de la maniobra, Pedri no merece tener el exceso de responsabilidad que se autoexige porque daña su lucidez en la dirección de juego y por ejemplo, Cubarsí no liderará la defensa de un día para otro, precisa de semanas para expandir su credibilidad en una línea que pide mando. Junto a los lesionados Raphinha, por su influencia en la presión y el vértigo ofensivo, y a Joan Garcia, por su peso en los resultados, deben formar el cuerpo estructural del Barça.
Es el momento ideal para que Flick proponga una mejora del contexto. Está prohibido renunciar a las convicciones, simplemente se trata de reforzarlas todavía más. La mejora de la presión es imprescindible, tanto por lo que supone para blindar la exposición defensiva blaugrana como para negar al Madrid el control que con Xabi Alonso necesita para su expresión. Tampoco iría mal un poco más de paciencia antes de ser vertical para recuperar una óptima relación con el balón. Nada nuevo, sólo más rigor y concentración para disimular aquel acné innegociable cuando estás en crecimiento. Son aquellos granos que se asumieron con naturalidad hace un año y que ahora parece que pesan más en la autoestima, quizás porque habíamos pensado equivocadamente que habían desaparecido para siempre. Ser más Barça que nunca siempre ha ido bien en el Bernabéu, incluso en épocas de dudas.
La gestión de las herencias
El fútbol está lleno de ejemplos donde el presente es esclavo del pasado más reciente. No es nuevo, pero no deja de llamar la atención. Ya se suponía que no sería fácil que la Real Sociedad no notase las despedidas de Olabe en la secretaría técnica e Imanol en el banquillo. Ambos habían representado ejemplarmente un proyecto deportivo en mayúsculas durante siete años. Un equipo que sabía qué quería expresar, qué perfiles de futbolistas necesitaba y hacia dónde pretendía avanzar. Erik Bretos en el despacho y Sergio Francisco en el banquillo parecían perfiles continuistas que habían aprendido desde dentro de sus referentes, pero falta ver si el club tendrá paciencia a pesar de los malos resultados que le sitúan en zona de descenso. La mirada larga acostumbra a tener recompensa.
