Lamine ante el antes o el después, por Enric Jové
Imagen de la tangana final con Lamine discutiendo con los jugadores del Madrid / Valentí Enrich Lamine ya ha alcanzado la máxima jerarquía en lo futbolístico. En la semana del clásico, el niño de Rocafonda, decidió jugar a ser el protagonista antes del partido, con Piqué haciendo de Piqué en la retaguardia (demasiadas veces saca partido fácil de terceros como los listos del cole). Cada uno escoge sus compañías y sabe cómo las gestiona. Puyi también fue pareja habitual de Geri y nada pasó. El crack no tuvo suficiente con eso, pues posteriormente lo adornó con un flojo video en redes que nada aportaba. En esa encrucijada inevitable, conviene poner en perspectiva que no todos los líderes son iguales y quizás no deben serlo. Messi fue el paradigma del que brillaba sin estridencias. El suyo no se proclamaba, sino que se asentaba en la acumulación de éxitos. El diez habló más bien poco antes de jugar. Lamine Yamal, que asumió sin problemas el peso que supone portar el mismo dorsal, ni es, ni puede ser, una versión calcada de Leo. Caracteres explícitamente tan dispares para liderazgos en el campo tan similares. Hoy se construye sin rubor alguno: más imprevisible, más arriesgado. Actúa desde la autenticidad, su autenticidad. Lamine es más Cristiano que Messi y eso no siempre alcanza a ser entendido en la comedida Barcelona. Seguramente, con el Barça que viajó al Bernabéu, Lamine no jugó bien sus cartas. Demasiado fasto para una nómina tan nimia de jugadores que debían defender sus ofensas. El partido, siempre desequilibrado a favor de los merengues, tuvo a un diez tan desconocido en su juego, como falto de protagonismo. Quedó demostrado que es humano, además de mortal. Los merengues afearon su superioridad durante 90 minutos, tras llegar el pitido final (del siempre sospechoso César Soto Grado), con una pírrica victoria por el diferencial exhibido. Los blancos necesitaban venganza en el mismo césped. Carvajal, un habitual en todas las trifulcas, empezó con la provocación (autor previo de un claro y temerario penalti no pitado). Se sumó a la bronca Courtois, que rápidamente cruzó el campo para abuchearle; el portero últimamente está muy activo, siendo capaz de explicar, como buen rico sindicalista que es, la explotación y adulteración de la competición que supone Miami o chulear al blaugrana por sus palabras. Un Vinicius en chancletas (¿quién va a la bulla así?), un mal ejemplo en casi todo, con actitudes tan despectivas hacia los contrarios como hacia los suyos propios, fue el último que quiso sumarse al lio. El brasileño, ese del balón de playa que cantan todos los estadios, se marchó tras ser cambiado al vestuario faltando a su propio entrenador. Hoy es más un payaso que un deportista. En el señorial Madrid de Florentino no debería tener lugar mucho más tiempo. Moraleja: Lamine debería estar dispuesto a aprender de sus fallos y sumar autoexigencia a su carrera, no le podemos pedir madurez a estas alturas, pero sí profesionalidad y compromiso, puesto que buena parte del futuro del Barça está en sus pies y su contrato está en ese nivel. Si desea hablar, parece mejor hacerlo después que antes.
