España rompe el muro alemán y se mete en la primera final de su historia
España hace historia. Con un gol en la prórroga, en el minuto 113, obra de una Aitana Bonmatí descomunal, la selección femenina firmó este miércoles en Zúrich su primera clasificación para una final de la Eurocopa. Y lo hizo venciendo, por primera vez en su historia, a la temible Alemania. Junto a la mediocampista catalana, Cata Coll, desde la portería, firmó una actuación heroica, permitiendo que el sueño español se hiciera realidad. Ambas, que comenzaron el torneo tocadas por enfermedad, fueron decisivas en la noche más gloriosa del fútbol femenino español.
Desde el pitido inicial, España se adueñó del balón, mostrando personalidad y propuesta, aunque con cierta previsibilidad ante una Alemania ordenada, aguerrida y vertical. La defensa germana, con una línea de cinco centrocampistas, complicó la circulación en la medular y obligó a España a buscar vías alternativas. La primera gran ocasión fue teutona: Bühl se plantó sola y cruzó demasiado su disparo tras un error de Guijarro. España respondió tímidamente hasta que Esther González probó a Berger con un remate centrado.
La primera parte se cerró con dos acciones de puro pundonor español: un remate al palo de Irene Paredes y un disparo cruzado de Esther tras un pase de 40 metros, que obligó a Berger a lucirse. La sensación era clara: España mandaba, pero Alemania resistía con oficio.
El segundo acto fue más abierto. Alemania apretó los dientes y ganó metros, empujada por su afición, y Cata Coll tuvo que aparecer por primera vez en modo salvadora, deteniendo dos acciones peligrosas. En respuesta, Montse Tomé movió ficha y dio entrada a Salma Paralluelo, quien revitalizó al equipo con desmarques y desborde. Aitana y Ona Batlle asumieron galones, pero la muralla germana parecía infranqueable.
Llegó la prórroga. El miedo a perder se impuso al deseo de ganar, pero aún quedaba magia por destapar. Y entonces, en el minuto 113, llegó el momento que reescribió la historia: una jugada de estrategia permitió a Aitana filtrarse como un relámpago, y desde el corazón del área, pegó con el alma. Su disparo cruzado besó la red, dejando helada a Berger y encendiendo de júbilo a toda España.
«Cuando vi que el balón entraba, salí corriendo como una loca. Vi venir a las compañeras desde el banquillo… este gol es de todas», dijo emocionada la doble Balón de Oro, quien firmó así su gol número 30 con la Roja, probablemente el más importante de su vida.
Pero si España llegó a ese instante, fue también por una Cata Coll imperial. La balear, ausente en la fase de grupos por amigdalitis, salvó al equipo en cuatro ocasiones determinantes, dos de ellas al borde del final del tiempo reglamentario y otra, espectacular, en la prórroga ante Wamser. Cada parada fue una declaración de resistencia, de fe, de orgullo.
«Sabíamos que podíamos hacerlo. Este grupo cree, trabaja y no se rinde. Hoy lo vamos a celebrar hasta en el autobús de vuelta», declaró Cata, visiblemente emocionada.
España, con un 67% de posesión, 22 remates y más de 600 pases completados, firmó una semifinal para el recuerdo, no solo por el resultado, sino por la madurez táctica, el carácter competitivo y la magia en los momentos clave.
Este grupo, que comenzó la Eurocopa con dudas y bajas, ha ido creciendo partido a partido hasta convertirse en la gran sensación del torneo. Nunca se había ganado a Alemania en partido oficial. Nunca se había llegado a una final continental. Hoy, ambos imposibles han caído.
El domingo espera Inglaterra, otro reto, otra oportunidad para seguir haciendo historia. Pero pase lo que pase, esta generación ya ha dejado una huella imborrable. Porque tocadas llegaron, y tocadas siguen… pero por una varita mágica que solo bendice a las elegidas.
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