Endrick se pasa y Ancelotti le marca el límite
Carlo Ancelotti tiene principios futbolísticos muy claros. Uno de ellos es el respeto absoluto a las oportunidades de gol. Para el técnico italiano, no hay lugar para florituras cuando un jugador se encuentra cara a cara con el portero rival. Y así lo dejó claro con Endrick, cuya reciente acción en la que buscó adornarse innecesariamente ha sido duramente señalada. El joven brasileño, aún en proceso de adaptación al entorno competitivo del Real Madrid, cometió el error de elegir el espectáculo antes que la efectividad. Una actitud que Ancelotti no tolera, y que podría costarle minutos.
No es la primera vez que un jugador joven se ve en esta situación bajo el mando de ‘Carletto’. En la temporada 2013-14, Álvaro Morata vivió algo similar. Siendo el recambio habitual de Benzema, el delantero madrileño gozaba de pocas oportunidades y debía aprovechar cada una al máximo. En un partido de trámite contra el Valladolid, con 3-0 en el marcador, Morata se plantó solo ante el portero Mariño y optó por una vaselina innecesaria que acabó sin premio. Ancelotti, que le había advertido específicamente contra ese tipo de gestos, no tardó en aplicarle su famosa “nevera”. Morata desapareció de las convocatorias en seis de los ocho siguientes partidos, una advertencia silenciosa pero contundente.
El caso reciente de Endrick pone de relieve cómo el italiano no distingue entre nombres ni edades cuando se trata de disciplina táctica. Asegurar un gol es ley en el libreto de Ancelotti, y los jugadores que no lo entienden, lo pagan caro.
La historia también se repite en otros ejemplos recientes. Nico Paz, una de las perlas de la cantera madridista, disfrutó de minutos durante la temporada pasada e incluso marcó en la Champions League. Sin embargo, una acción puntual —una contra mal resuelta ante la Arandina en Copa del Rey, en la que no cedió el balón a Güler en una posición ventajosa— supuso su desaparición del primer equipo. No hubo declaración pública, pero tampoco volvió a jugar. Ahora brilla en el Como de Cesc Fábregas, aunque el club blanco mantiene su control sobre el joven argentino.
La gestión de los jóvenes por parte de Ancelotti es firme y pedagógica. Premia la eficacia, castiga la frivolidad y exige compromiso total. Para un entrenador que ha dirigido a estrellas de todos los calibres, el mensaje es el mismo: en el Real Madrid, cada minuto vale oro, y cada decisión en el campo puede marcar la diferencia entre crecer o congelarse en el banquillo.
La lección está clara para Endrick y para cualquier joven que quiera triunfar en el club blanco: antes que adornarse, hay que asegurar el gol. Porque en el Real Madrid, el escudo pesa… y Ancelotti no perdona los excesos.
