El Hill Dickinson Stadium, un nuevo amanecer para el Everton
If you know your history…’ (‘Si conoces tu historia…’), corea con entusiasmo la afición del Everton antes de cada partido. A través de triunfos y viejos traumas de su centenaria historia, los ‘toffees’, conocidos así por las dos tiendas de los populares caramelos que se vendían junto a Goodison Park, han labrado su rica trayectoria en el fútbol inglés, que siempre ha convivido con la nostalgia. Difícil no sentirla también cuando en la tarde del domingo los ‘blues’ de Liverpool estrenen oficialmente su lujoso nuevo campo en la Premier League, el Hill Dickinson Stadium, en la desembocadura del río Mersey. Un estadio del siglo XXI para uno de los clubs más lleno de tradiciones.
El traslado al moderno y nuevo estadio ha sido descrito por el Everton como un ‘new dawn’ (‘nuevo amanecer’) para el club. Y tiene ese efecto, renovación, recomienzo, modernización, tras una última etapa oscura. Con capacidad para 52.888 espectadores, será el séptimo estadio inglés en capacidad y se levanta en una singular ubicación frente al mar. Situado en el muelle Bramley-Moore, ya ha recibido elogios gracias a su diseño, combinación de modernidad arquitectónica con la tradición, esencia del club. Difícilmente encontrar un estadio tan arraigado en la comunidad como lo era Goodison Park, donde el Everton ha estado jugando desde 1892. Pero son nuevos tiempos, y el club, que pilota ahora el empresario estadounidense Dan Friedkin, mira al futuro.
El Hill Dickinson Stadium, llamado así por los ‘naming rights’ vendidos a un bufete de abogados de la ciudad, ya se perfila como otro recinto icónico para la ciudad, en el recorrido hacia el Pier Head (‘Las Tres Gracias’ de Liverpool), los tres edificios emblemáticos situados en el paseo marítimo: el Royal Liver, el Cunard y el Port of Liverpool Building, declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. El nuevo estadio del Everton ha sido diseñado por el arquitecto estadounidense Dan Meis, con el reto de complementar e integrarse en el histórico entorno marítimo que lo rodea. Cuando uno lo visita, comprueba que es así. Pese a sus rasgos futuristas, parece como si siempre hubiera formado parte de los muelles y de la historia de Liverpool.
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El ensayo contra la Roma
El sábado 9 de agosto, el Everton hizo un primer ensayo enfrentándose a la Roma, el otro equipo del Grupo Friedkin, con quien ahora comparten propiedad los ‘toffees’. Fue un partido de ‘hermanamiento’ entre los dos clubs con intereses comunes, y el campo se llenó en una jornada emotiva, aunque el partido terminara con derrota (0-1). El club cuidó todos los factores sentimentales, porque se escucharon los mismos sones de ‘There She Goes’ de The La’s, ‘Forever Everton’ y del himno ‘Spirit of the blues’ que también se cantaban en Goodison, justo antes del ‘Everton song’ de los Z Cars. Lo mejor del estadio y lo que lo convertirá en referencia es el llamado ‘The Blue wall’ (el muro azul), con 13.000 seguidores, una potente grada de animación en la tribuna sur, destinada a convertir el estadio en un lugar ingrato para los rivales.
Varias horas antes del inicio, los pubs de Regent Road ya estaban llenos, como también la Everton Way, la avenida junto al estadio con 36.000 piedras de recuerdos. Cada una cuenta historias de la comunidad ‘toffee’ y va a convertirse en un lugar de referencia y peregrinación. El club trató de agasajar a sus socios y simpatizantes causando buena impresión y se pudo disfrutar hasta de los especiales ‘donuts de caramelo azul’, que se vendían siempre, en Goodison Park. Lo peor, los precios: una cerveza cuesta 7,05 libras. Y se teme el frío y la humedad que se sentirán en invierno, en una zona donde el río Mersey se encuentra con el mar de Irlanda y, a menudo, sopla el viento con fuerza.
A la salida, todos los asistentes pudieron certificar la regeneración de una vieja zona industrial que ahora pretende convertirse en un gran foco lúdico y comercial, que incluye Liverpool Waters y Ten Streets. La previsión es que los partidos del Everton atraigan a 1,4 millones de visitantes adicionales a la ciudad cada año, compitiendo, de nuevo, con sus ‘enemigos’, los ‘reds’ de Anfield, como uno de los motores de la economía y turismo para la ciudad de The Beatles.
El reclamo de Grealish
En paralelo a la ilusión que despierta el nuevo estadio, el verano para el Everton ha discurrido con la preocupación del técnico, el escocés David Moyes, por la falta de inversión del club en fichajes para encarar las exigencias que va a tener en el nuevo estadio. La llegada de Jack Grealish ha serenado algo los nervios. El delantero del Manchester City se ha unido a los ‘toffees’ para erigirse en una de sus referencias, aunque llega con un contrato de cesión por solo una temporada. El Everton cubrirá el 75% del altísimo salario de Grealish, de 300.000 libras semanales. Su presencia en Elland Road, no evitó que el Everton perdiera en su estreno frente al Leeds (1-0), por culpa de un penalti dudoso.
La mudanza al Hill Dickinson se vive también con la esperanza de regresar a Europa. El espejo en el que se mira está en el West Ham, ganador de la Conference League hace dos años, tras una lenta adaptación después de dejar Upton Park. Durante 66 temporadas, los partidos del Everton en Goodison Park crearon un sentimiento de pertenencia muy especial para sus seguidores, pese a que los ‘toffees’ no han terminado en la mitad superior de la Premier desde 2019 y no han jugado en Europa en una década. Esa fidelidad no muere con el cambio, sigue bien intacta y les distingue. Seguirán entonando con emoción ‘And if you know your history…it’s enough to make your heart go..’ (..y si conoces tu historia, es suficiente para hacer que tu corazón lata con fuerza..). Con ese apego a sus raíces, comienza para ellos, el domingo frente al Brighton, una nueva etapa ilusionante en el frente marítimo de Liverpool.
