El fútbol cántabro, víctima del dominó de los descensos: Tercera RFEF, Regional preferente y Primera Regional en vilo

La recta final de la temporada 2024-2025 está provocando una situación de enorme tensión entre los clubes cántabros que compiten en las divisiones nacionales y regionales. La razón principal no es sólo la clasificación directa por puntos, sino los temidos «arrastres» derivados de los descensos de equipos de categorías superiores, especialmente desde la Segunda RFEF. La caída matemática de Gimnástica de Torrelavega y CD Laredo, dos históricos del fútbol regional, ya ha activado una cadena de consecuencias que podrían acarrear múltiples descensos indirectos en las divisiones inferiores.

En condiciones normales, descienden tres equipos de Tercera Federación a Regional Preferente, pero el sistema de competición obliga a que el número de equipos por categoría se mantenga estable. Por tanto, si bajan más clubes cántabros desde Segunda RFEF a Tercera, deben liberarse plazas desde abajo, arrastrando a otros conjuntos a perder la categoría. A día de hoy, ese número ya ha aumentado a cinco descensos en Tercera, y podría convertirse en seis si el Escobedo, actualmente en puestos de descenso, no logra revertir su situación.

Esto no sólo afecta a Tercera. La presión se traslada también a Preferente y Primera Regional, donde la permanencia se está viendo igualmente encarecida. Equipos como Ribamontán al Mar, Peña Revilla, Frajanas, Cayón B o Rayo Santa Cruz podrían verse abocados al descenso si continúa la caída en cascada desde Segunda RFEF. En Primera Regional, clubes como Escobedo B, Solares B, Valle Lebaniego, Calasanz, Bezana B o Ampuero ya ven con temor la posibilidad de iniciar la próxima campaña en la última categoría del fútbol cántabro: la Segunda Regional.

La Tercera Federación cántabra, con 18 equipos, está viendo cómo casi la mitad de los clubes luchan por salvarse. A falta de tres jornadas, el único descendido matemáticamente es el CD Monte, pero desde el puesto 12 (Colindres con 33 puntos) hasta el 17 (Siete Villas con 25), todos están implicados en la lucha. El riesgo de un descenso múltiple convierte cada jornada en una auténtica final.

Todo se resolverá en las próximas semanas. La temporada en Segunda RFEF concluye el 4 de mayo, fecha en la que se confirmarán de forma definitiva los descensos directos y el acceso a los ‘play out’. El papel del Rayo Cantabria, filial del Racing, también es clave. Si los de Ezequiel Loza logran el ascenso a Primera RFEF, podrían liberar una plaza y mitigar en parte el efecto arrastre.

Además, la posibilidad de que algún equipo cántabro ascienda a categorías superiores, como el propio Rayo o un hipotético ascenso por vacantes o reestructuraciones, podría servir como alivio. Sin embargo, lo más probable es que los descensos se mantengan y, como sucedió el curso pasado con el Laredo, equipos que no ocupen plaza de descenso directo acaben perdiendo la categoría por arrastres.

La conclusión es clara: la permanencia en el fútbol cántabro nunca ha sido tan cara. Lo que antes era una salvación asegurada por clasificación, ahora se ve amenazado por decisiones que dependen de otras categorías. Los clubes implicados saben que no pueden dejar escapar ni un solo punto, porque este año, incluso terminar en el puesto 12 o 13 no garantiza nada. Se avecinan semanas de máxima tensión, donde la calculadora será casi tan importante como el balón. La salvación, esta vez, no se juega sólo en el campo.

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