El brazalete de Ter Stegen
Ter Stegen hoy tendrá la oportunidad de volver a saludar a la afición / R. García / (EPA) EFE He tratado de desconectar estos días antes del comienzo de la temporada, pero no hay manera. Este club, para lo bueno y para lo malo, es una inagotable fuente de informaciones y noticias que te impiden desconectar ni 24 horas. El caso Ter Stegen es el último ejemplo de un verano muy movido. El portero alemán, quizás porque en las formas el Barcelona no gestionó bien el inicio de la crisis, optó por un camino equivocado y una guerra directa contra el club en la que no tenía nada que ganar. Hasta el comunicado del pasado viernes estaba convencido de que ya sería imposible volver a ver al portero alemán vestir la camiseta del Barcelona de nuevo por más que tiene aún contrato hasta el 2028. Algunos piensan incluso que su reacción llega tarde. Retirarle la capitanía fue un órdago en toda regla. No es una decisión fácil la de desposeer del brazalete a un capitán y profanar un lugar tan sagrado como es un vestuario, pero la directiva del Barcelona tenía que tomar medidas y a la vez evitar que la crisis salpicara a su entrenador y menoscabara su autoridad en el vestuario. Los capitanes son de los jugadores y, por tanto, ellos, y sólo ellos, deben ser libres de elegirlos, pero esta era una situación excepcional que había forzado el propio capitán. Hasta ahí se había tensionado el tema. Conozco a Marc desde que llegó al club hace más de diez años, por eso me costaba reconocer esa obstinación contra todo y contra todos. Insisto en que al club quizás le faltó algo de mano izquierda o de tacto para con su primer capitán. Es muy lícito que el Barcelona mire hacia el futuro y crea que Joan García es una apuesta muy válida para los próximos años o que las últimas operaciones de Ter Stegen dejan ciertas dudas sobre el nivel que puede alcanzar en los próximos años, además de su edad, 33 años. Totalmente legítimo, pero no es contrario a haber dialogado antes con el jugador y explicarles los planteamientos del club. No deja de ser un jugador que ha estado once temporadas en el club. Esa desafección posiblemente envalentonó a Ter Stegen y le llevó por el camino equivocado, enconando su postura y llevándola a un límite insostenible. Rectificar es de sabios. Ter Stegen con esa actitud no tenía nada que ganar. Es más, estaba perdiendo totalmente el cariño del aficionado barcelonista que veía en su postura una pataleta de niño mimado y recordaba otras situaciones pasadas que dejaban en mal lugar al alemán. Por ahí perdía toda la razón. Espero que haya un antes y un después del comunicado del portero. Devolverle el brazalete es el primer paso, aunque el alemán, ahora, tendrá que volver a ganarse el cariño de los aficionados. Todos saldrán ganado, pero especialmente el Barcelona, en cuanto a imagen y tranquilidad. Y por si alguien tenía alguna duda, que les quede claro una vez más, los clubes, siempre, siempre, estarán por encima de los jugadores, por muy importantes que estos se puedan creer.
