De la valentía a la improvisación

Las obras del Spotify Camp Nou siguen con su proceso / Valentí Enrich

El 28 de mayo de 2023, el Barça bajó el telón del Camp Nou derrotando al Mallorca (3-0). Aquel día se dijo adiós al estadio con una mezcla de lágrimas y esperanza, con la promesa de que el sacrificio valdría la pena. Dos años después, lo que debía ser un regreso ilusionante se ha convertido en un problema añadido.

Laporta ha demostrado coraje impulsando la remodelación del estadio. Pero la decisión de insistir en que iba a ser rápido ha llevado al Barça a una situación aún más complicada que la de Montjuïc.

Hay que reconocerlo: lo fácil habría sido dejar pasar el tiempo, estirar la agonía del viejo Camp Nou y posponer el problema para otro mandato. Joan Laporta, en cambio, se lanzó a tumba abierta con un proyecto faraónico, consciente de que el Barça necesitaba el estadio para sobrevivir. Esa valentía hay que ponerla en valor: asumir riesgos, dar el paso y ponerse la obra a la espalda en un momento económico crítico.

El problema es que nadie le exigía hacerlo en un año ni dos. Nadie pedía inaugurar fases exprés ni abrir el Camp Nou a medio terminar para intentar jugar la Champions con el reloj apretando. Se entendía el traslado a Montjuïc, con todas sus incomodidades: un estadio frío, sin alma, con afluencia limitada y un coste económico altísimo. Pero peor aún es la sensación actual, de improvisación permanente, de tener que mendigar favores a UEFA, a LaLiga y hasta a los promotores de conciertos.

La valentía inicial se ha convertido en prisa. El club corre detrás de permisos, certificados y calendarios, mientras sus socios asisten atónitos a la posibilidad de que el Barça juegue un partido a puerta cerrada en casa o tenga que buscar un campo prestado. Eso es lo que de verdad erosiona la credibilidad del proyecto.

Laporta tenía razón en que había que dar el paso. El error fue marcar un cronómetro imposible. El Camp Nou debía volver como símbolo de fuerza, no como fruto de una carrera contrarreloj. Y hoy, más que ilusión, lo que transmite es incertidumbre.

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