Cruyff, Messi, Xavi…, pero también Raúl, Casillas, CR7…

Las leyendas suelen ser víctimas de las guerras por el poder en los grandes clubs de fútbol

Messi confesaba su deseo de regresar a Barcelona en una reciente entrevista a SPORT / Anissa Dimilta/Inter Miami FC / EPC

La foto de Messi en el Camp Nou ha sido la gran imagen de estas dos semanas de parón y casi que me atrevería a decir que del año, si no fuera porque mañana mismo tendremos otra imagen histórica: el regreso de 45.000 barcelonistas al nou Camp Nou. Pero mientras ésta se produce, es obvio que las sensaciones y emociones de ver al mejor futbolista de todos los tiempos en el estadio, solo en la noche barcelonesa, es única y abierta a interpretaciones. Por si acaso, Laporta ya le ha ofrecido una estatua y Font le ha prometido que será al primero que llamará si sale presidente…

Se repite la historia de la leyenda que sale mal del club y divide al entorno, que no a la afición. Es muy importante la diferencia. Entorno es ego, vanidad, ambición desmedida, guerras fraticidas por el poder. Afición es todo lo contrario, amor incondicional y colectivo por el club.

Desafortunadamente, el entorno es insalvable. Hoy, ayer y me temo que mañana. Kubala se sintió traicionado y fichó por el Espanyol, ¿se imaginan? Cruyff devolvió su insignia de presidente de honor. Y Xavi entra en campaña con el líder de la oposición.

Hay muchos más casos, pero no solo en el Barça. En el Madrid, Di Stéfano y Bernabéu partieron peras de manera ruidosa y traumática, Raúl acaba de largarse porque nadie le daba bola más allá del Castilla, Iker Casillas se fue porque necesitaba respirar, según propias palabras, Cristiano Ronaldo forzó su adiós y Sergio Ramos, en el colmo del surrealismo, se dedica a cantar su desamor contra Florentino Pérez. Está claro, las leyendas suelen ser las víctimas de las guerras por el poder. 

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