Con Lamine o sin Lamine: España impone su ley
Ganó otra vez —con solvencia, con variedad, con autoridad— y lo hizo sin sus nombres más brillantes. No estaban Lamine ni Nico. Tampoco Rodri, el nuevo Balón de Oro de los europeos. Pero sí estaba la idea. Y cuando una selección puede prescindir de su columna sin que tiemble su juego, no estamos ante una buena generación: estamos ante un sistema consolidado.
España, en Tiflis, no arrolló por inercia ni por inspiración, sino por orden. No jugó al ritmo de sus bandas, sino a la cadencia de su centro del campo. Y eso dice mucho del momento en que se encuentra esta selección.
El debate Lamine: fútbol y jerarquía
El ruido alrededor de Lamine Yamal ha sido más institucional que deportivo. El jugador no pidió salir, pero su club midió los riesgos. La Federación, por su parte, guardó las formas. Y en medio, una selección que ganó sin él. No para castigarle, ni para demostrar nada. Simplemente porque podía.
España no depende ya de un regate. Ni de un apellido. Depende de sí misma. Lo demostró con una actuación que fue menos brillante que firme. Una centuria romana, como escribió Orfeo Suárez, que atravesó Georgia con autoridad más que con espectáculo.
El centro del campo: orden, presente y futuro
Zubimendi fue el general silencioso. Barrios, una sorpresa lúcida. Baena, un jugador que parece haber entendido que su sitio está más cerca de Pedri que del banquillo. Rodri y Pedri descansaron, pero su espíritu estuvo sobre el césped.
Ese es, quizás, el mayor triunfo de De la Fuente: su equipo tiene reemplazos sin necesidad de excusas. La camiseta no espera a nadie, y el juego tampoco.
La jerarquía sin nombres
Oyarzábal, con dos goles, se acerca a su mejor versión sin levantar la voz. Morata no jugó, pero nadie lo echó de menos. Borja Iglesias entró cuando todo estaba resuelto. La banda fue menos explosiva, pero igual de útil. Mamardashvili hizo lo que pudo. Kvaratskhelia apenas olió el balón. Georgia fue un equipo digno, pero desbordado por una España que ya no negocia con la duda.
La selección que juega sin apuros
Este grupo suma 30 partidos sin perder. 19 goles a favor, ninguno en contra en la fase de clasificación. Pero más que eso, transmite algo más valioso: no juega con urgencia. Juega con confianza. Con una seguridad que no necesita escudos individuales. El sistema, al fin, se ha impuesto al marketing.
España está en el Mundial. No por puntos, sino por estructura. No por nombres, sino por juego. A esta selección le sobran caminos y le faltan titulares fijos. No es un defecto: es una virtud. Puede ganar con Lamine o sin Lamine, con Rodri o sin Rodri. Lo importante es que, gane quien gane, todos juegan a lo mismo. Y eso, en un torneo de selecciones, vale más que un póster.
Quiosco
