Atropello múltiple y 43 detenidos: la otra cara del triunfo del PSG en París

Lo que debía ser una noche de júbilo deportivo terminó convertida en una escena de caos urbano. Tras la victoria del Paris Saint-Germain (PSG) por 2-1 frente al Arsenal, que aseguró su pase a la final de la Liga de Campeones, miles de aficionados se congregaron en los alrededores de los Campos Elíseos, en el centro de París, para festejar. Sin embargo, la celebración derivó en un espiral de violencia callejera, enfrentamientos con las fuerzas de seguridad y un grave atropello múltiple.

Un atropello intencional y un coche incendiado

Según informó la Prefectura de Policía de París, un sedán negro irrumpió a gran velocidad en una calle perpendicular a los Campos Elíseos, embistiendo a tres personas. Una de ellas fue trasladada al hospital en estado crítico. Las autoridades aún no han determinado si se trató de un acto deliberado, aunque testigos afirman que el vehículo circulaba sin control hacia la multitud.

El coche fue perseguido por un grupo de hinchas hasta la avenida Marceau, donde fue incendiado. Las imágenes difundidas en redes sociales muestran llamas consumiendo el vehículo, mientras algunos asistentes a la celebración gritaban y se alejaban corriendo. También se reportó el incendio de un vehículo oficial del Ayuntamiento de París en una calle cercana.

Disturbios, saqueos y enfrentamientos

Además del atropello, se registraron graves altercados entre grupos radicales de aficionados y las fuerzas de seguridad desplegadas en la zona. La policía francesa montó un operativo con más de 2.000 agentes antidisturbios, barreras de contención y patrullas móviles, pero la situación se desbordó. Los radicales levantaron barricadas improvisadas, arrojaron objetos contundentes y rompieron mobiliario urbano.

La violencia callejera se extendió a comercios y edificios públicos. Numerosos escaparates fueron vandalizados, se documentaron saqueos en tiendas y varios coches particulares fueron incendiados. El resultado fue un balance preliminar de 43 detenidos, entre ellos varios identificados por la policía como miembros de grupos ultras. También se registraron varios agentes heridos, aunque ninguno de gravedad.

Un portavoz del Ayuntamiento de París lamentó los hechos y calificó la noche como “una vergüenza para la ciudad”. “Una celebración deportiva no puede convertirse en un campo de batalla. La pasión por el fútbol debe vivirse en paz”, declaró.

Luis Enrique: «Queremos hacer historia»

En lo deportivo, el técnico del PSG, Luis Enrique, celebró el resultado que lleva al equipo a disputar la final de la Champions League ante el Inter de Milán. “El proyecto ha cambiado desde el año pasado y me siento muy cómodo con el equipo y la dirección del club. Ahora queremos hacer historia y regalar este título a nuestros seguidores”, afirmó el entrenador español en rueda de prensa.

El PSG también jugará la final de la Copa de Francia, programada una semana antes, frente al Reims, por lo que podría cerrar la temporada con un doblete histórico. Sin embargo, el entrenador pidió calma: “Nos quedan dos finales. No es momento de festejar todavía, sino de prepararnos con humildad y ambición”.

Investigación en marcha y llamados a la calma

Las autoridades francesas han anunciado la apertura de una investigación penal para esclarecer lo ocurrido con el atropello y los actos vandálicos. La policía revisa las grabaciones de seguridad y recaba testimonios para identificar a todos los responsables. También se evalúa si hubo fallos en el despliegue policial o si existían indicios previos de que pudieran producirse disturbios.

El ministro del Interior, Gérald Darmanin, expresó en X (antes Twitter) su “profundo rechazo” a los actos violentos y pidió “unidad y responsabilidad”. También anunció que los dispositivos de seguridad se reforzarán de cara a la final de la Champions, que se celebrará en Estambul.

Lo que debía ser una fiesta deportiva para los miles de seguidores del PSG terminó ensombrecida por imágenes de caos, fuego y sangre. El equipo parisino alcanza una de las metas más deseadas en su historia reciente, pero el comportamiento de una parte de su hinchada pone en entredicho la capacidad de la ciudad para controlar este tipo de eventos masivos.

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