Así se pelean las ligas

Flick vivió un partido de lo más tenso frente al Girona / Dani Barbeito / SPO

En partidos como el de ayer se pierden las ligas, muchas ligas, por puntos tontos de los que luego te acuerdas. Viniendo de dos derrotas dolorosas, haber cedido un empate ante el Girona habría confirmado un bache importante del equipo. Con el partido atascado, donde ya no llega el fútbol, con Pedri agotado ya en el banquillo, con Lamine Yamal fuera de punto de forma, donde no llega el fútbol tiene que llegar el corazón. Y ya lo creo que llegó, el enorme corazón del gigante uruguayo, Araujo, que rememorando las actuaciones de Alexanco en la era Cruyff fue el improvisado estilete de ataque y el puñal definitivo para asestar el golpe victorioso al partido. Fue el nueve de un equipo que se apuntó a la épica en la recta final del partido. Porque este equipo también sabe ganar a la épica y luchar hasta el último aliento.

El Barcelona demostró orgullo hasta el último minuto. Tuvo confianza y fe en lo que hace. Y lo luchó, vaya si lo luchó hasta el final. Eso es lo que hace un equipo con alma y corazón.

Con estas victorias se pelean las ligas. Tras las últimas sensaciones, y a pesar de la justificación de que existían muchísimas bajas en ataque, el Barcelona, en puertas del clásico, no podía dejarse escapar dos puntos más en casa y ante un equipo en zona de descenso. Aunque es cierto que el Girona realizó un gran partido y en toda la primera parte gozó de hasta cuatro oportunidades clarísimas de gol que pudieron cambiar el rumbo del encuentro.

Este es un aviso a navegantes y que no debe tapar la victoria final y el éxtasis del gol de Araujo: atrás la defensa blaugrana sigue siendo muy vulnerable y los equipos le llegan con enorme facilidad. El Girona perdonó, pero no el Sevilla, ni el PSG, ni seguramente el Madrid lo hará. Y eso es jugar con fuego.

La Masia sigue, además, respondiendo con seis canteranos titulares, un debut liguero más con Toni Fernándezy hasta ocho jugadores de la casa alineados durante el complicado duelo.

El Barcelona de Flick, un Flick más nervioso que de costumbre y sacado de quicio por el árbitro Gil Manzano, como siempre, gana crédito y tiempo. Gana tranquilidad en un momento muy importante de la temporada cuando los desafíos se agolpan en el calendario y cada cual es mayor que el anterior.

Posiblemente, ayer era más importante ganar el partido que ser fiel al estilo, ganar los tres puntos que ofrecer un espectáculo futbolístico. Sumar una victoria más que merecer un marcador mucho más holgado. Ayer era ganar o ganar por encima de todo y sobreponiéndose a las circunstancias. Poco a poco se irán sumando Lamine Yamal en su mejor versión, Fermín con más ritmo, Raphinha con su liderazgo y así hasta que recupere el equipo a tantos efectivos importantes que ha perdido en las últimas semanas.

Algunos enterraban ya al Barcelona en la recta final del partido y veían volar al Real Madrid hacia el alirón sin capacidad de repuesta, pero tendrán que esperar porque si algo demostró ayer el Barcelona ante los suyos es que sabe pelear, que tiene orgullo y que va a luchar hasta el final. Que nadie entierre a estos campeones.

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