Algo de épica para frenar lo imparable
A Carlo Ancelotti y a todos. El tramo final de LaLiga en el Real Madrid, ya sin opciones reales de título, se va a hacer muy largo. Se gane, como anoche, se empate o se pierda. Sobre todo si los partidos son como lo fue el del Mallorca, donde el equipo blanco, plagado de bajas, sigue apostando todo a la épica para frenar lo que es imparable, que el FC Barcelona sea el campeón de esta Liga.
Solo Mbappé, que ni siquiera lo necesita, es quien parece liderar a este Real Madrid que, eso sí, puso todo de su parte para que el conjunto de Flick no fuera campeón este miércoles, para que ‘se lo curre’ ante el Espanyol. Y Jacobo Ramón, un canterano que lleva desde niño estudiando la historia de las noches como esta, fue quien se llevó los honores de hacer el gol de la victoria.
Un gol que salvó a Ancelotti de emborronar, más si cabe, su adiós. Pues en términos contractuales, es también seleccionador Brasil desde el pasado lunes y al ser una de las caras más visibles en este momento, también se le ve desconectado. Y con razón. Sabe que el próximo 26 de mayo, en menos de dos semanas, tiene que enviar su primera lista como seleccionador de la canarinha y así es complicado dirigir al equipo. Cuanto menos, diferente.
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Pero para remontar este panorama, a favor de obra juega la cercanía del Mundial de Clubes, una nueva competición, y la llegada de fichajes que ya están confirmados aunque no de manera oficial: el de Alexander Arnold, el de Xabi Alonso y el de Dean Huijsen, cuya operación con el Bournemouth dio un paso de gigante este mismo miércoles y ya hay acuerdo total.
Y es que Florentino Pérez, que sabe mucho de alegrías pero también de tiempos de crisis, conoce el camino para frenar estos problemas de desidia, que no es en otra dirección que con caras nuevas que renueven la ilusión. Solo así conseguirá que la afición que ayer, por ejemplo, dejó entradas libres en las taquillas del Bernabéu por primera vez en toda la temporada, vuelva a engancharse a un equipo que, lo que son las cosas, en septiembre ilusionaba a raudales y en mayo desengancha a miles.
Por eso, lo mejor que le podría haber pasado al Real Madrid es que LaLiga hubiera terminado después del repaso que le dio Lamine, Raphinha y compañía el pasado domingo en el Clásico y no que hubiera que asistir ahora a dos partidos, sin contar ya este recién acabado, en los que el equipo blanco tiene mucho que perder y absolutamente nada que ganar.
