Adiós a la Superliga: el Real Madrid pacta con la UEFA y retira su ofensiva judicial

El 18 de abril de 2021 el fútbol europeo tembló. Doce de los clubes más poderosos del continente, con el Real Madrid al frente y Florentino Pérez como presidente, anunciaban la creación de la Superliga. La competición nacía con vocación de alternativa a la Champions y con un modelo semicerrado que garantizaba la presencia fija de sus fundadores. Aquella madrugada cambió el ecosistema del fútbol… durante apenas 72 horas. Cinco años después, el acuerdo entre el Real Madrid y la UEFA certifica el final de un viaje que nunca llegó a destino.

El proyecto arrancó con nombres ilustres: Real Madrid, Barcelona y Atlético en España; Juventus, Inter y Milan en Italia; y seis gigantes ingleses —Manchester City, United, Liverpool, Chelsea, Arsenal y Tottenham—. Pero la reacción fue inmediata. En Inglaterra, miles de aficionados salieron a la calle para protestar contra un torneo que percibían como una ruptura con el mérito deportivo. El mensaje fue claro: el fútbol no se toca. En apenas tres días, los clubes de la Premier abandonaron el barco. Poco después lo hicieron Inter, Milan y Atlético. La Juventus resistió un tiempo; el Barcelona y el Real Madrid quedaron como últimos defensores.

La batalla se trasladó entonces a los despachos y a los tribunales. UEFA y FIFA amenazaron con sanciones. El Real Madrid, el Barça y la Juventus respondieron con una ofensiva judicial que terminó en el Tribunal de Justicia de la Unión Europea. La cuestión era de fondo: ¿abusaban UEFA y FIFA de su posición dominante al impedir competiciones alternativas? Durante años, dictámenes, recursos y resoluciones marcaron el pulso. En diciembre de 2023, el TJUE consideró que las normas de autorización previa podían vulnerar el Derecho comunitario, aunque sin obligar a aprobar la Superliga. Fue un triunfo jurídico parcial para el proyecto, pero no un impulso real.

Mientras tanto, la Superliga intentó reinventarse. A través de la empresa A22 Sports, presentó un formato más abierto, con ascensos y descensos, y un discurso centrado en la tecnología, la sostenibilidad y la distribución directa de contenidos. El mensaje evolucionó: ya no era una liga cerrada, sino una modernización del sistema. Pero la realidad política del fútbol europeo había cambiado. Nasser Al Khelaïfi asumió la presidencia de la ECA, alineando a la mayoría de clubes con la UEFA. El aislamiento del Madrid fue cada vez más evidente.

La Juventus se retiró en 2023 tras la dimisión de su directiva. El Barcelona, entre dudas financieras y tensiones institucionales, fue acercándose progresivamente a la “familia del fútbol”. En octubre de 2025, Joan Laporta escenificó ese deshielo con su presencia en una reunión de la ECA. El 7 de febrero de 2026, el Barça abandonó oficialmente la Superliga. El Madrid quedó solo.

Aun así, el club blanco redobló su ofensiva. En noviembre de 2025 presentó una demanda contra la UEFA por valor de 4.500 millones de euros por daños y lucro cesante. La Audiencia Provincial de Madrid había desestimado los recursos de UEFA, LaLiga y la Federación, reforzando la posición jurídica del proyecto. Sobre el papel, la Superliga tenía argumentos legales. En la práctica, carecía de aliados.

El desenlace llegó en Bruselas. Tras meses de negociaciones discretas, UEFA, la European Football Clubs (EFC, heredera de la ECA) y el Real Madrid anunciaron un acuerdo de principios “por el bien del fútbol europeo”. El comunicado subraya el respeto al mérito deportivo, la sostenibilidad financiera y la mejora de la experiencia del aficionado mediante la tecnología. También contempla la retirada de las disputas judiciales una vez se formalice el pacto definitivo. La demanda millonaria quedará en el cajón.

Más allá de la paz institucional, el acuerdo dibuja líneas maestras de futuro: un fair play financiero más estricto, posibles límites salariales y mayor control sobre el flujo del dinero dentro de la industria. La idea de fondo no es tan distinta del discurso original de la Superliga: hacer el fútbol más sostenible y competitivo. La diferencia es que ahora se hará desde dentro del sistema, no contra él.

Cinco años después, el sueño de la Superliga se disuelve sin haber disputado un solo partido. Fue una revolución anunciada que terminó convertida en negociación. Un proyecto que quiso cambiar el orden del fútbol europeo y acabó forzando reformas dentro de la propia UEFA. El viaje no tuvo destino, pero sí consecuencias. Y el Real Madrid, que lideró la cruzada, cierra el capítulo aceptando que en el fútbol, como en la política, a veces la victoria consiste en sentarse a pactar.

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