A Pedri hay que escucharle tanto como a Flick
Pedri celebra tras marcar ante el Levante / EFE/Andreu Esteban A día de hoy, tal vez haya dos jugadores insustituibles en el Barça: uno es Lamine. El otro, Pedro González López. Pedri, cuando flota en el campo. A su nivel, son futbolistas vinculantes. Sin Yamal, el equipo ataca peor. Sin Pedri, el Barça se empequeñece, juega a otra cosa. El genio tinerfeño es el mejor centrocampista del mundo. Sólo Vitinha le mira a los ojos, pero a su claridad para gestionar tempos, acelerar o imponer la pausa, dar el último pase o hacer gol, facetas que comparte con el luso, Pedri le añade una magia incomparable. En eso, en los controles, en los giros, en la resolución de las presiones, sólo él se acerca al gran Iniesta. Por su tremenda calidad, por la madurez que le reportan sus cinco años en la élite y su todavía reciente lucha ante la reproducción de contratiempos musculares, por ser la extensión de Flick en el césped y por el espíritu de su fútbol de orfebrería y a la vez coral, destinado a hacer mejores a los demás, a Pedri hay que escucharle. Casi tanto como a Hansi. Este lunes, en un set con Edu Pidal, de Onda Cero, dejó un montón de mensajes. Uno, sobre todo: “El año pasado todos íbamos a una, no mirábamos por el éxito personal, mirábamos por el del equipo y esa fue la clave”. Pedri, el mejor en Vallecas junto a Joan García, sabe que necesita moverse en un contexto de equipo corto donde la presión asfixie, el poseedor del balón sufra y la última línea active el fuera de juego. Para eso, sólo hay que mantener el deseo, la solidaridad y el compromiso. Y hay que volverlo a hacer tras haber ganado, que siempre es lo más difícil. Un día, el Barça de Messi se creyó que iba a seguir marcando época con la mirada. Cayó en el hoyo. Viene el parón. Buen momento para repasar lecciones perdidas.
