A Hansi hay que exigirle, pero ¡ojo!: no le calienten
Gran detalle de Flick con los aficionados del Barça en Sevil / sport Justo hace una semana, le pedía a Hansi Flick que tomara decisiones futbolísticas ante las últimas sensaciones. Ajustar centrales, soluciones ante la presión a los medios y refundación de la presión alta. Hay que reconocer que se lo están poniendo difícil. Cada día que pasa, el Barça pierde a un futbolista. Eso sí, donde antes quemábamos la casa, hoy guardamos silencio – hace días que Raphinha recayó de su lesión - y no hay debate sobre la preparación física. Vaya. Flick va a afrontar siete días muy trascendentes – Girona, Olimpiacos y clásico – sin su portero titular, sin su Pichichi, sin Olmo, casi sin Raphinha, con Fermín y Lamine sin ritmo, y con Ferran prevenido por sobrecarga. Esta es la realidad que le viene al técnico alemán. No es, desde luego, el inicio soñado por Hansi tras haber atrapado al barcelonismo, en su primer curso, con un hechizo de principio a fin. El año anda raruno. Desde despachar con una gira que arrancó torcida, enfado que el propio entrenador gestualizó en público, hasta perder a Iñigo sin pasar por la casilla de salida. Esa baja le ha desgastado mucho. Luego, de nuevo, ver como el club no cerraba la regla del 1:1 y Rashford, flamante fichaje azulgrana, se colaba de milagro en la lista para el debut en Mallorca. Además de tener que lidiar con índices de indolencia no previstos, hasta el punto de terciar Deco para mandar un aviso a los cracks. Lo último, tras haber devuelto la ilusión a la gente con fútbol y títulos, habrá sido leer, a las primeras de cambio, que alguien le mueve la silla. Silvinho, Belletti, Van Bronckhorst… a la primera duda del tricampeón. A Hansi le quedan dos años. Pero… ¡cuidadito! ¿Debemos exigirle? Por supuesto. ¿Hay que calentarle? No demasiado. Por si acaso.
