24 horas y 70.000 camisetas

Lamine y su 10 están llamados a liderar el futuro proyecto deportivo en el retorno al Camp Nou / FCB

Una tiene la sensación ‘after’ de vivir aún la fiesta de cumpleaños de Lamine Yamal. Ya saben quien se encarga de alargarla. Los que siguen haciéndose cruces de la explosión incontrolable que ha supuesto la aparición del jugador del Barça en nuestras vidas y en la de organismos, competiciones, instituciones y, en definitiva, en el negocio del fútbol. Los que no pudieron digerir los diecisiete años de Messi en el FC Barcelona, asisten ojipláticos y mosqueados -por decirlo fino- a la eclosión de una nueva estrella que también lleva el sello de La Masia y que es más culer que el escudo.

Encajar un nuevo KO no está siendo fácil para los de siempre y, plan de lo más antiguo pero bastante efectivo, han decidido sacar al personaje de su contexto y ubicarlo en otros para dar carnaza a los que el fútbol les interesa poco o nada. Cierto es que Lamine Yamal ha colaborado de algún modo en dar munición al enemigo, permitiendo que llegaran al gran público imágenes que no favorecen en nada a su imagen. Tiempo tiene de corregir y corregirse y bien haría su entorno más cercano en blindar al máximo su vida privada.

Dicho esto, celebremos los años cumplidos del chaval, disfrutemos de su extraordinaria calidad y no le riamos todas las gracias. Es único, sí. Y quiere, como dijo, escribir su propia historia con el 10 a la espalda. Pero debe saber que la buena letra, aunque no vaya despacio porque él es un rayo, puntúa más alto que la taquigrafía. Seguro que los más jóvenes no tendrán ni idea de lo que es. Buscadlo, queridos, y sabed que ir más rápido no siempre significa ser mejor.

Pero si hablamos de velocidad en lo que a mercadotecnia se refiere, la mayoría de edad de Lamine Yamal y su estrenado número supuso que en veinticuatro horas se vendieran setenta mil camisetas. Lo escribo también en números, por aquello de la visibilidad: 70.000 en 24h.

Gestionar cada éxito a cada paso que das debe ser asignatura obligatoria a diario. Y ahí es donde creo que Flick tiene un trabajo que no hay precio que pueda pagarlo. El técnico alemán ha demostrado en tan solo doce meses en el Barça que es capaz de ofrecer un fútbol de calidad combinado con una gestión de vestuario de complejidad elevada. Hambre, juventud, veteranía, exigencia máxima y empatía con el público es una combinación tremenda que Hansi ha superado con una nota sobresaliente. “Celebra lo que quieras pero, mañana, doble sesión de entrenamiento”, le dijo al nuevo ‘10’. Y éste, más listo que el hambre, consideró que con su fiesta de cumpleaños ya había festejado bastante.

Tras la firma de su nuevo contrato, se fue a casa. Desde entonces, los que le han visto entrenar aseguran que le ‘pone’ muchísimo esta temporada y que quiere demostrarle a su entrenador que quiere seguir aprendiendo. Qué importante es esto. Que no se crea que ya lo sabe todo. Que siga entendiendo que el equipo que le rodea, dentro y fuera del campo, le va a enseñar todo aquello en lo que el talento no instruye. 

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